13 de febrero de 2012

Colibrí decidió quedarse un tiempo quieto, disimular el intenso batir de sus alas... pero su corazón no puede ser mas lento.

¿De qué sirve que sonría y vuele al paso de cualquier golondrina? Las gaviotas no lo entienden, ni las tórtolas. ¿Acaso el ruiseñor comprende su pasión y es lo que canta en los otoños?

¿De qué sirve, trovador, que hayas conquistado ese minúsculo corazón?

Colibrí aparenta descansar en ramas bajas, y pasea por jardines simulando que no extraña aquella selva y aquellos vuelos. Mira aun y como siempre al cielo. Ríe de los hombres que sirven mieles y endulzan agua para mirarle de cerca mientras recuerda los trópicos y sus flores, sus frutos y humedades.

Teme cansarse de la apariencia que acepta aun creyendo que no ha sido mal gastada. Sabe que ha valido la pena pero sus alas preguntan cada alba si los siguientes pasos lo valdrán. Hay mañanas maravillosamente frías y noches encantadoramente oscuras.

Hay atardeceres que entumen demasiado y si acaso sus alas aun se saben comportar su mente no puede evitar volar.

24 de enero de 2012

Turno

¿De qué le serviría la habilidad innata de caminar sobre las nubes, si no supiera leer las señales del destino?

Fue Louis Armstrong el que esa tarde casi cualquiera en que acompañado por Ella susurró y ella recordó que no lo había buscado... aun no había cedido al impulso de dejar a su mente perseguirlo por los parajes sin tiempo. Era claro que por recelo amarró su curiosidad en un rincón oscuro, donde los recuerdos se hacían nítidos y podía jugar con ellos. Hoy esa voz y ese clima le dijeron simplemente: es tu turno de buscar.

23 de enero de 2012

Barreras

Había estado tan quieto que el repentino movimiento le dejó el sobresalto amarrado a las costillas. El silencio se había roto pero ella ni siquiera había notado las grietas y ahora que leía esos caminos casi azarosos se sorprendía con la reacción.

La distancia es consuelo, se puede preparar la perdida compostura, salir victoriosa al disimular. Aguantar las ganas de gritar que no quiere volver a pasar las yemas por esas letras rotas que amenazan con desanudar. El parece decir que está listo, que avanza sin barreras. ¿Cómo responder si no es sonriendo, escondiendo todavía aquella verdad? Que ella un día se desvistió de todas las paredes, para ser libre y prisionera frente a el. Que su espalda fue pregunta:
¿acaso castigo?
¿acaso ignorancia?
¿acaso ceguera u ojos cerrados?
Y aprendió sin duda a tatuar poco a poco los nuevos ladrillos que no rompería jamás.

No hay que perder la propia piel ni el aroma de la ajena que es refugio y calma. Así con tinta de experiencia puede seguir y observar. Que tu aventura sea grande, buena suerte trotamundos.

Ya veremos en un tiempo si también aprendiste a derrumbar.

18 de noviembre de 2011

Noticias

Entre discursos repetidos e igual de vacíos y domingos llenos de futbol redondo y ovalado. Entre golpes de copas y grietas de tarros, como si el espacio entre las notas y las voces pudiera ser coleccionado... Así adentro y revuelto con todos los silencios aún más breves, ahí vive el guardian de los secretos.

No sabe si olvidó el idioma o se perdieron los oídos... tal vez ha enmudecido ante el vértigo de este correr sin suelo. Fue guardando su carga de letras al azar hasta que no hubo más espacio. Se leen ahora las heridas y los anhelos olvidados, se sienten vivos y corren, juegan. Se abrió la puerta, se limpiaron los ojos...

La voz aun tiene miedo de empezar a dar las noticias.

16 de noviembre de 2011

El silencio y la quietud también despiertan. El eco de la falta de movimiento es la causa del cosquilleo en las plantas de los pies. Ansia de correr, anhelo de vuelo. Demasiado miedo al nuevo sabor del mundo, que junto a esa mano y ese hombro podría parecer simple y sepia.

Las hojas han jugado otra vez con los destellos mientras la ciudad gris se aleja, orgullosa en su mejor estación. ¿Dónde cabrá entonces este temor, si es que hay que esconderlo?

2 de septiembre de 2011

Esa voz no era la tuya, pero contaba nuestro fragmento. Esas palabras no eran nuestras, no las habíamos inventado ni en las noches de niñez, de correr descalzos en el parque, de bailar sin miedo en las fuentes.

Ese acento no es el tuyo, ni ese poeta tendrá tus ojos. Esa mañana de portales y silencios... eso sí que fue nuestro y lo es aun. Desconocidos y amigos, magos irresponsables.

Esa voz no era la tuya, sigue sin serlo. Ese verso es mío, me lo diste sin que fuera tuyo. Y hoy al escucharlo sigo sonriendo.

30 de junio de 2011

Salió con sus botas de lluvia. Las negras, como las que usan los bomberos. No se puso calcetines. Mantuvo el ansía de estar descalza. Estaba azul.

Caminó veinte pasos en la oscuridad, el aire viajaba con sonidos de carreteras y agua empujada por las calles. Gotas mediocres, de las que casi no mojan, llenaban sus hombros de puntos efímeros.

Pesado, todo estaba pesado. Las ideas de fracaso, la tristeza de estómago, el miedo y las ganas. Su cabeza llena de imágenes lejanas en ojos ajenos: selvas naranjas, ruinas verdeazul, adoquines brillando con reflejos de plazas doradas. Distancias y anhelos.

Es evidente por su andar que no entiende este ritmo. Que el mundo gira rápido y en el sol no se le notan las arrugas que le provoca el intentar seguirle el paso. Corre y se cansa y en las noches si hay silencio todo cambia.

No sabe cuando dejará de vagar, de caer. Pero seguirá caminando como siempre esperando que el azul no se atore tanto en sus tobillos.